JOHNNY MARR
“Un rebelde con causa, la renovación de un sobreviviente del indie y su resistencia idealista como fuerza inspiradora”
Por Cristian Padilla, desde Santiago de Chile
Cuando The Smiths se separaron en 1987, parecía evidente que Morrissey tendría una carrera solista. Sin embargo, fue Johnny Marr quien decidió abandonar la banda, semanas antes de la edición de Strangeways, Here We Come, iniciando una trayectoria que durante más de tres décadas lo llevó a colaborar con artistas tan diversos como The Pretenders, Kirsty MacColl, Crowded House, Pet Shop Boys, Noel Gallagher, Beck y Tom Jones, además de participar en bandas sonoras junto a Hans Zimmer y compartir escenarios con R.E.M., Dinosaur Jr. y Pearl Jam.
La carrera de Marr no fue fácil ni obvia. Como la otra mitad del icónico dúo compositivo de The Smiths, tenía tanto derecho como Morrissey a emprender un camino propio, pero prefirió durante mucho tiempo tocar y aprender junto a otros músicos. Tras la separación, incluso buscó consejo en Paul McCartney, quien le respondió con una frase breve pero contundente: “así son las bandas”. Quizás esa idea terminó ayudándolo a entender que los grupos cumplen ciclos y que había que seguir adelante.
Hoy, mientras su excompañero se autosabotea constantemente a nivel de imagen pública, Marr continúa reivindicando su legado y sumando elogios. A sus 63 años, sigue componiendo, tocando y girando por distintos continentes. Su nuevo trabajo, The Age Of Everything, lanzado oficialmente el 2 de octubre de 2026, muestra justamente esa capacidad de reinventarse sin abandonar su identidad.
Como admirador de Marr, resulta difícil abstraerse completamente de la pasión. Pero este nuevo álbum permite encontrar algo más que nostalgia por The Smiths. Hay una evolución evidente y, al mismo tiempo, una continuidad con el guitarrista que conocemos.
Inspirado por autores vinculados a la contracultura, la exploración de la mente y la psicogeografía, Marr construye un disco con letras más directas, una fuerte carga social y política y riffs que suenan frescos. En tiempos convulsionados y de incertidumbre, The Age Of Everything se siente como un álbum catártico: hay rebeldía con causa, resistencia y una cuota de idealismo esperanzador, sin abandonar completamente la melancolía.
El primer single, “Spin”, abre el disco con esas guitarras agudas que Marr popularizó durante los años 80, acompañadas por un bajo contundente y casi hipnótico. “Beyond The Rain” aumenta la intensidad con riffs frenéticos y acordes disonantes, mientras que “It’s Time” probablemente sea una de las canciones donde más claramente aparece el costado político del álbum. Su crítica al cinismo, la corrupción y quienes pretenden llevar a la sociedad por un camino equivocado inevitablemente me hace pensar en Los Prisioneros y en la lengua afilada de Jorge González.
A lo largo del disco también aparecen distintos matices: la electrónica y las texturas brillantes de “Ophelia”, la influencia disco en “That Feeling”, el costado más emocional y melancólico de “In And Out Of Love”, y la tensión impredecible de “Just Once More”. En “Fire With Fire”, Marr demuestra además una evolución vocal que merece ser destacada: sus colores y matices alcanzan aquí uno de sus mejores momentos como cantante solista.
El cierre llega con “All In A Life”, que incorpora elementos más cercanos al post-punk y conserva esa crudeza característica de Marr, con una rebeldía que incluso puede conectar con nuevas generaciones.
En definitiva, The Age Of Everything es un álbum pensado principalmente para quienes han seguido la trayectoria de Johnny Marr, pero no se queda únicamente en la nostalgia. Su guitarra, junto al bajo de Iwan Gronow y la batería de Jack Mitchell, construye un sonido sólido, minimalista y actual. Los coros aparecen cuando deben hacerlo, sin saturar ni quitar protagonismo a las canciones.
Es, en cierta forma, una armonía dentro de un caos ordenado. Un disco que demuestra que Johnny Marr sigue siendo un sobreviviente del indie, pero también un artista capaz de mirar hacia adelante.
Y quizás ahí está su mayor virtud: no intenta repetir el pasado, sino demostrar que todavía tiene algo que decir.








