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TXT: Entrevista: La dolce vita (época ROTT - 2006)


Confirmado: Morrissey volvió para quedarse. Se instaló en Roma, dice que es feliz, y su nuevo disco, Ringleader Of The Tormentors ratifica su facilidad para escribir himnos y se vende como pan caliente. Mientras los rumores de una nueva visita a la Argentina son cada vez más fuertes, un encuentro exclusivo en el lugar de los hechos con un icono pop en su mejor momento.

Revista Los Inrockuptibles Nº 103 - Mayo 2006
Entrevista: Christian Fevret



Siempre estuviste tan ligado a Inglaterra que era inconcebible imaginarte fuera de Manchester o de Londres. Sin embargo, pasaste los últimos diez años en Los Ángeles y hoy estás viviendo en Roma.
Morrissey: Viví durante mucho tiempo con anteojeras... Siempre viajé, pero recién ahora me doy cuenta de que no era sensible a las ciudades de Europa por las que pasaba. Supongo que tenía que ver con mi estado de ese entonces: estaba muy encerrado en mí mismo. Hoy es distinto...Incluso me molesta detenerme en ese aspecto de mi pasado porque me da un poco de vergüenza. Ahora cambié, me abrí a nuevos horizontes. Cuando llegué a Roma, hace más de un año, fue como si hubiera visto la ciudad por primera vez; me impresionó su belleza, su gente. Roma me hechizó...

¿Cuándo se produjo ese cambio?
Fue algo progresivo... Quizá tuvo que ver con mi etapa en Los Ángeles, que fueron años de encierro. Roma es todo lo contrario: me fascinó la libertad que se respira en esta ciudad. Los italianos vivieron durante mucho tiempo teniendo que soportar a un gobierno represivo, pero así y todo no los afectó. En Los Ángeles, por ejemplo, todo está controlado, reglamentado, y la gente es muy rígida. Acá, en cambio, todo me parece más espontáneo; los italianos parecen no tener límites, y eso me gusta.

¿Cómo llegaste a Roma?
De casualidad... Había venido a Italia por unos días, y cuando estaba a punto de regresar a Los Ángeles, una tormenta me impidió tomar el avión. Así que me quedé en Roma y ya no me pude ir más. Es bastante rídiculo, ¿no? Digamos que fui capturado por la ciudad.

¿Un artista como Pasolini se relaciona con tu amor por Roma?
Por supuesto. Para mí, Pasolini es el personaje más importante de los últimos sesenta años. Los italianos lo subestiman un poco porque no asumen algunos aspectos de su personalidad, pero es un genio, y sus películas son deslumbrantes y sus ensayos siguen siendo tan explosivos como cuando los escribió. Es una figura excepcional, con mucho estilo, como la mayoría de los italianos. Conocía sus películas, pero desde que visité los mismos lugares que trasladó a la pantalla comprendí la importancia y el sentido de su obra.

Las letras de tu nuevo disco dan la impresión de que comenzaste una nueva vida...
Absolutamente. Desde que vivo en Roma me siento tan bien, tan aliviado, que es casi chocante (risas).

¿Qué pasó con tus raíces inglesas?
Creo que para cualquiera sería imposible sacarse de encima sus propias raíces... En mi caso, no puedo desprenderme de ellas ni de Inglaterra, ni de lo bueno ni de lo malo. Nací católico y llevaré ese estigma toda mi vida; sé que no puedo hacer nada, por más que lo intente y ponga la mejor voluntad del mundo. La situación podría resumirse de esta manera: soy inglés y no puedo evitarlo, pero como no soporto ni a Tony Blair ni a su gobierno, prefiero mantener cierta distancia.

Tu carrera podría desglosarse en cuatro períodos: los Smiths, tu trabajo solista en Inglaterra, la aventura de Los Ángeles y tu sorpresiva mudanza a Roma...
¡Es que siempre fui un solitario! ¿O todavía no se dieron cuenta? Si tengo que elegir, diría que mi período preferido es el actual. Todo el mundo habla de la época de los Smiths como si hubiera sido la edad de oro, pero nunca se interesaron tanto en mí como hoy.

Tu gran regreso fue hace dos años con You Are The Quarry, un disco en el que predominaba la canción pop. Ringleader Of The Tormentors, en cambio, es mucho más rockero...
En principio había imaginado algo más tranquilo y más suave porque ése era mi estado espiritual: estaba cansado. Pero Italia intervino y las nuevas canciones encontraron su forma; la ciudad me dio fuerza y me contagió su espirítu combativo. Cuando comenzamos a preparar el disco, la dirección era otra, pero una vez que se sumó Tony Visconti a los ensayos decidimos multiplicar la instrumentación, y eso hizo que las canciones cambiaran mucho. Es necesario aclarar que Tony es un productor genial y que fue él quien se ocupó de embellecerlo todo. Visconti constituye una de las piezas mágicas de este rompecabezas.



¿Hacía mucho que querías trabajar con él?
A mediados de los años 80, Johnny Marr y yo le pedimos que produjera The Queen Is Dead; lamentablemente, se negó. Después, a principios de los 90, quiso producir Your Arsenal, mi tercer disco solista, pero tampoco se pudo concretar. Siempre tuve este proyecto en mi cabeza. Tony Visconti tiene una historia increíble, pero vive en su tiempo. Verlo en acción es impresionante: escucha cosas que ninguno de nosotros oye y se ocupa de explicarlas de una manera maravillosa. Un productor no debe ir sólo al estudio, fumar y contar chistes: tiene que trabajar.

Tocás con los mismos músicos desde hace casi quince años. ¿Cómo es tu relación con ellos?
Somos amigos, cada vez más, salimos y nos divertimos mucho juntos. Alain Whyte fue guitarrista durante mucho tiempo, pero en un momento se cansó de las giras y de los conciertos. Lo reemplazó Jesse Tobias, que en el grupo tiene un rol muy importante. Es tejano y mexicano; lo conocí en el hotel Lowry, en Manchester, una noche en la que estaba con Sylvain Sylvain, el guitarrista de los New York Dolls. Comenzamos a componer juntos, agregamos algunas voces en mi casa para hacer una prueba y ver si iban bien con las composiciones... ¡Y aquí estamos! Jesse tiene un conocimiento innato del pop, de la melodía, y su manera de tocar es gutural y profunda. Esa mezcla entre hondura y ligereza me encantó.

En el segundo tema del disco, Dear God Please Help Me, participa un músico legendario: Ennio Morricone.
Otra casualidad. Se me ocurrió invitarlo a participar cuando me enteré de que iba a pasar por el estudio de grabación. Les comenté la idea a los ingenieros de sonido con los que estábamos trabajando y me dijeron: "Olvidate. Cada vez que viene, la gente que está grabando le pide que participe en su disco y siempre se niega. Ni lo pienses. No quiso trabajar ni con los artistas más prestigiosos". No me desalenté, se lo propuse igual, y aceptó hacer un tema. ¡Fue increíble! Llegó con una orquesta de treinta y seis músicos y se encerró en su mundo... Observarlo fue fascinante; él mismo escribió los arreglos de toda la canción... Morricone es una persona muy esquiva, es díficil acercarse a él porque siempre está rodeado y tiene un guardaespaldas que lo acompaña a todos lados. Además, no habla inglés. Llega, hace lo que tiene que hacer, y se va. Pero bueno, es una leyenda y puede comportarse como le parezca. Además, mis intenciones no eran ir a patinar sobre hielo con él sino que participara en el disco.

¿En general te decepciona conocer en persona a la gente que admirás?
No es sensato hacerse una idea de la gente antes de conocerla, básicamente porque no se puede confiar en la prensa. Nunca... (risas). Muchas veces, la gente que uno está seguro de querer resulta ser poco interesante, y la gente con la que uno piensa que no podría entenderse resulta ser agradable. No se puede conocer a un músico sólo a través de sus canciones.

¿Los que conocen tus discos se equivocan sobre vos?
No, yo soy la excepción que confirma la regla (risas). En mis canciones hablo de mí, y mis discos son fieles a lo que soy. Hay gente que me dice: "No quería saber tanto de vos. Pero gracias de todos modos".

La dimensión sexual de las letras es particularmente importante en este nuevo disco.
¿Ah, si? No me parece, pienso que siempre fue así... Tal vez dé esa impresión porque estoy más abierto y listo para absorver otras cosas...

La frase "Sexo, drogas y rock'n'roll" es la trilogía básica de la mayoría de los artistas que admirás, desde Elvis hasta los New York Dolls. ¿Por qué hasta hoy sólo adoptaste uno de esos tres elementos?
No los "olvidé", pero si es verdad que durante mucho tiempo los dejé de lado, aunque siempre supe que estaban ahí... En realidad, no sé bien cómo comenzó todo esto. A veces pienso que no debería haber ocurrido... Cuando era chico era muy introvertido, y tenía la impresión de que en el rock no había lugar para los tímidos. Mi recorrido es atípico, es como si hubiese sido invocado. El hecho de dedicarme a la música no fue una decisión consciente.

Pero es algo que deseabas: incluso antes de tocar en un grupo fantaseabas con el mundo del pop.
Me había preparado, sí. Pero la mayor parte de la gente sueña con eso, ¿o no? Cantar, actuar, que te saquen fotos, estar en la tele... Lo curioso es que pensaba que alguien como yo no podría llegar a eso jamás. En el rock y en el pop todo el mundo parece estar seguro de sí mismo. Son todos rebeldes, sensuales y agresivos, y yo era exactamente lo opuesto a todo eso. Por suerte, hoy ya no.

Con los Smiths, lograste conmover a la gente de entrada. ¿Cuándo te diste cuenta de que tenías talento para esto?
Siempre pensé que tenía glamour... ¡Y en realidad no lo tenía! Pero lo creía, y eso es lo esencial. Siempre me entregué de cuerpo entero a la vida. La diferencia es que antes no me salía. Ahora, en cambio, soy glamoroso de verdad... (risas).

¿Y a veces no tenés miedo de engañarte a vos mismo con ese "personaje" público de Morrissey?
Me engañé a mi mismo muchas veces, pero son las reglas del juego. Cuando pasa eso es imposible escapar, hay que asumirlo, y después ver cómo continuar.

Antes dabas la imagen de ser una persona angustiada, pero hoy parecés mucho más feliz.
El tiempo pasó, y sería muy miserable si continuara encerrado en el mismo estado espiritual del pasado. Debo admitir que hoy la vida me parece más linda.

Manchester, Londres, Los Ángeles, Roma... ¿Dónde habrá que buscarte dentro de dos años? ¿Sos capaz de descansar en algún lado?
¿Descansar? ¡Ya voy a descansar cuando me muera! Sé que no durará mucho más (risas). A decir verdad, no sé dónde voy a estar la semana que viene... Me gusta vivir así. Somos animales de costumbres, nos gusta quedarnos tirados en nuestro sillón favorito y ver pasar la vida, ¿no? Bueno, yo trato de evitarlo porque no me gusta quedarme quieto. La situación de cada momento es la que me dice, o más bien la que me impone, lo que debo hacer. Sé que puede parecer pretencioso, pero es la pura verdad: me dejo llevar. Y no se preocupen: en dos años volverán a tener noticias mías.