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TXT: Entrevista: Los días felices (ultima entrevista a The Smiths)


En una entrevista de incalculable valor histórico –la última que concede como integrante de The Smiths-, Morrissey anuncia la separación oficial del grupo que lideraba junto al guitarrista Johnny Marr –quien había decidido abandonar a sus compañeros. Realizada el 8 de septiembre de 1987 en Londres, cuando Les Inrockuptibles iba por sus primeros números, resulta más que significativa. En ocasión de la primera visita del cantante a nuestro país –en medio de su gira latinoamericana y en el marco del tour mundial Oye Esteban!-, un modo bastante elegante de acercarse a uno de los mitos de los años 80.

Revista Los Inrockuptibles N° 42 – Marzo 2000
Entrevista: Christian Fevrel


The Queen Is Dead había salido hacía poco más de un año. En aquella época, no valía la pena soñar: una revista francesa novata no tenía ninguna chance de entrevistar a quien se había convertido en el personaje más impresionante del rock inglés de los años 80. Ese verano boreal del 87, las cosas se presentaban apenas un poco mejor: insistentes rumores anunciaban que los Smiths estaban al borde de la ruptura mientras se preparaban para editar el que terminaría siendo su último disco, Strangeways Here We Come. Sin embargo, empezamos a creer que el milagro podía llegar a producirse cuando nos enteramos de que Morrissey quizá llegaría a viajar a París para escapar de la presión inglesa. A principios de septiembre, aún no teníamos noticias. El disco salía en unos días, y tanto Johnny Marr como Morrissey habían desaparecido del mapa: ninguna declaración de prensa, ninguna aparición, ninguna señal desde hacía meses. A pesar de las más grandes de las perseverancias, estábamos a punto de renunciar –la revista iba a imprenta sólo tres días después-, cuando al final de la tarde sonó el teléfono: teníamos una nota con Morrissey al día siguiente a las 4 de la tarde, en Londres, en Rough Trade, el sello de los Smiths.

¿Por qué nosotros?
La entrevista duró casi una hora y media, y Morrissey dio muestras de una disponibilidad, una concentración y una tranquilidad sorprendentes, y que resultarían aún mas sorprendentes cuando al final de la charla terminara anunciándonos que acababa de dar la última entrevista de los Smiths: la separación sería anunciada al día siguiente. ¿Por qué nosotros? Todavía no lo hemos comprendido.


Muchas veces te referiste a tus influencias, pero nunca a influencias francesas.
No conozco el idioma francés, y por eso Francia ha sido sólo una influencia menor para mí. Soy una persona muy inglesa. Pero no rechazo las influencias francesas, ciertas cosas me conmovieron...Alain Delon (sonrisa maliciosa)...
Por el contrario, las referencias a la cultura norteamericana son mucho más frecuentes: de ella sacaste algunas figuras y algunos mitos, como los New York Dolls y James Dean.
No puedo negarlo, pero es sólo una casualidad. No creo estar interesado en la cultura norteamericana en el sentido en que lo están los adolescentes, para quienes los Estados Unidos son sinónimo de libertad y de cierto prestigio. Es algo que nunca me impresionó. La historia de la cultura norteamericana no es demasiado notable.

¿Cuál fue la primera persona por la que sentiste fascinación?
¿La que cambió todo? Creo que fue Oscar Wilde. Empecé a leerlo a los 10 u 11 años. Cambió mi vida de una manera muy profunda. Pero antes de eso, venía comprándome discos desde los 6 años, estaba obnubilado por los cantantes ingleses. Y por la francesa Françoise Hardy. Cuando era chico, me encantaba esa canción llamada Another Place. Coleccioné discos con mucha devoción cuando tenía 17 años, pero Oscar Wilde fue la primera persona que me shokeó de manera muy...positiva y destructiva. A partir de ahí, todo se transformó. Después, en los años 70, comenzó a interesarme mucho el periodismo. Me parecía que el periodismo musical estaba volviéndose muy interesante, muy crítico. Los críticos de rock eran estrellas en sí mismos...Eso me fascinaba.

¿Cómo llegabas a conocer los discos que te comprabas?
Por los rankings, la radio y la televisión. Eran sólo discos pop, de hits. Nada demasiado profundo ni intelectual. Lo único que me fascinaba era el pop, me compraba discos todo el tiempo.
Después empezaste a admirar a gente como James Dean. ¿Era sólo admiración?
Era algo mucho más intenso. Sentía más admiración por James Dean que por Rebelde sin causa. Fue y sigue siendo un gran símbolo. Nunca me pareció demasiado extraordinario su talento como actor, pero siempre tuvo mucho estilo. Hay muy poca gente que tenga tanto estilo, no importa cómo se vista ni lo que haga.

¿Sólo te gustaban los mitos? ¿No te interesaba la gente “común”?
No, nunca. ¡Odiaba a la gente común! (risas). No me gustaba demasiado el género humano. Y actualmente sigue sin interesarme. Nunca me gustó el mundo normal, el mundo fácil, simple y humilde. Era un chico muy extraño... ¡Y sigo siéndolo! (risas). No podía funcionar bien dentro de la sociedad de todos los días, ir a la escuela, tener amigos. No podía entenderme realmente con nadie. Después, a los 15 o 16 años, tuve algunos amigos, gente muy introvertida, y eso me ayudó bastante. Pero en general, me mantenía siempre a un costado.

¿Es más fácil amar las imágenes y los mitos?
Mucho más fácil. No te contestan, no te desilusionan...Con ellos no hay peligro. Esa gente nunca me decepcionó, los elegía con mucho cuidado. Tenía muy buen gusto (risas).

La leyenda dice que Morrissey se pasó toda su juventud encerrado en su habitación con sus libros.
Es verdad, pero no me parece que sea algo fuera de lo común o extraordinario, creo que hay muchos que viven así. Mucha gente me dijo “Es exactamente lo que me pasó, no conocí a nadie hasta después de cumplir 22 años”. Así que no me parece que sea una declaración particularmente dramática.

Pero, ¿nunca exageraste esa imagen de adolescente solitario?
No, incluso la suavicé un poco. Era como un exilio permanente, algo bastante prematuro después de todo cuando uno tiene 10 u 11 años. Pero fue lo que pasó.

¿Nunca trataste de salir de ese exilio?
No, era un exilio que me auto imponía. Yo mismo había construido una pared: no quería formar parte de las cosas, nunca quise hacerlo. La gente me decepcionaba. Yo venía de un ambiente particularmente pobre, la gente era humilde y simplista, su vida estaba programada de un modo muy rígido. La existencia de esa gente no tenía ninguna perspectiva de evolución interesante, todo estaba ya trazado, todo era recto y definitivo. No quería formar parte de eso. Sabía que si quería hacer algo interesante o extraordinario, tenía que trabajar y perfeccionarme. Como los atletas, que no salen de noche ni toman cerveza. Hay que pensar mucho, desarrollar las propias capacidades. Supongo que, si los Smiths tuvieron éxito de inmediato, fue por eso: en mi caso ya estaba preparado, no fue ninguna sorpresa. No diría que tuve una juventud mejor que la de los demás, todo lo contrario. Estoy seguro de que la de ellos fue más agradable.


¿Cómo te las arreglaste con el colegio?
No fui demasiado a clase. Eran escuelas pobres, sin libros y mal equipadas, con gente muy primitiva. No me aportaron nada concreto, me siento más bien un autodidacta. Sentía que iba a empezar realmente a aprender cuando saliera de ahí. Di mal todos los exámenes, nunca hice la escuela secundaria. Me parecía más fácil hacer todo eso por mi cuenta, pensar por mi cuenta, por mí mismo, leer los libros que tenía ganas de leer, cultivar mis propios intereses. No podía soportar la autoridad, era muy indisciplinado, muy poco dócil. Mi escuela era fría y lúgubre. Eso no me gustaba para nada; yo quería ir a algún, quería hacer algo. Pero era el único que tenía ese pensamiento, todos los demás estaban contentos de seguir ese camino. Evidentemente, no podía tener diplomas. Pero no me interesaba estudiar esos temas que no estaban relacionados con todos y cada uno de los días de mi vida. Así que las ciencias no me interesaban.

¿Ser diferente de los demás era algo que resultaba evidente o tenías que demostrarlo?
Era muy difícil vivir así. Me parecía que no había espacio para un pensamiento individual, para ideas personales. Es muy duro, pero si estás decidido, tenés que hacerlo. Nunca fui una persona demasiado popular y nunca me atrajeron las cosas demasiado institucionalizadas. Así que uno empieza a desarrollar su propio sistema de defensa, a tomar distancia, a retirarse. Pero es un reflejo de supervivencia.

¿Ser diferente no es la voluntad de todo el mundo?
Todo el mundo quiere ser diferente y muchos quieren ser extraños, pero muchas veces eso no prospera. La gente adopta puntos de vista y comportamientos muy afectados que, según creen, van a volverlos interesantes o rebeldes. Sin embargo, no funciona. Para que eso sea auténtico y sincero, hace falta que sea natural. Por eso siempre me pareció que las voces rebeldes de la música pop no eran necesariamente las voces agresivas, fuertes y violentas. Leer algo provocador de manera dulce y tranquila es mucho más amenazante que tirarle una botella de cerveza a la cara al director del sello discográfico.

¿Nunca tenés la sensación de mirarte demasiado el ombligo, o de ser demasiado indulgente con vos mismo?
Sí, lo soy, pero está bien ser así (risas). Me ocupo mucho de mí mismo, está bien ser egoísta. Creo en la autarquía, realmente...No me gustan las comunidades.

Sin los Smiths, ¿qué podría haberte sucedido?
La mayor de las desgracias. Una miseria desesperada. Probablemente seguiría todavía en algún lado metido en una habitación, gordo y con barba, rodeado de libros y de gatos. Nunca hubiera entrado al mundo, probablemente no sería conocido. Creía que era una persona muy enferma, y mis amigos pensaban lo mismo de sí mismos. Era una enfermedad que era la droga ni el alcohol, sino una especie de malestar constante...Uno se refugia tanto dentro de sí mismo que termina completamente apartado de la vida tal como se la vive cotidianamente, de la vida humana común. Pero, después de todo, ¿qué es lo que nos perdemos? ¿Los resultados del campeonato de fútbol? (risas).

¿Hubieras podido terminar hundiéndote en la autodestrucción, gracias al alcohol, las drogas o el sexo?
¿El sexo? ¡No me esperaba eso! (risas). No, siempre quise estar en buen estado, sentirme bien físicamente. Todos los días caminaba varios kilómetros, y todavía sigo haciéndolo...todo el malestar estaba dentro de mi cabeza.

¿Tu familia no fue una ayuda para vos cuando eras joven?
Creo que nadie podía ayudarme, porque era realmente un chico poco común. Y no esperaba nada, ni pedía nada.

En Meat Is Murder, cantás “Barbarism begins at home” (la barbarie empieza por casa). ¿Se trata de un recuerdo personal?
Sí, me golpearon mucho cuando era chico. Con paraguas y otras cosas. La disciplina era muy estricta, aunque un poco menos que en los años siguientes. Pero cuando era muy chico, no tenía ninguna libertad. Los chicos ingleses seguramente tienen más libertad de la que yo tuve. Tal vez no tengan el mundo al alcance de su mano, pero están menos atados.

¿Cuándo fue que los Smiths empezaron a existir en tu pensamiento?
Hace mucho tiempo. Tal vez hace diez años, cuando tenía 18. Pero recién conocí a Johnny (Marr) en el 82, el 20 de mayo. Ahí fue que empezó realmente. Pero antes de eso ya lo había diseñado todo, ya estaba todo planeado, había pensado hasta en los mínimos detalles. Empezar a hacer discos a los 23 años es bastante tardío: los otros integrantes del grupo tenían cinco años menos. Ellos eran adolescentes, yo tenía 23 años. Entre nosotros había una gran brecha. Pero al fin de cuentas estoy contento, ya que las cosas se arreglaron como debían, en el momento adecuado. Si todo hubiera empezado cuando tenía 17 años, seguramente no hubiera sido tan minucioso.

¿No intentaste nada antes?
No...El periodismo (sonrisa)...Pero nada más.

¿Construiste el grupo a partir de una imagen ideal, de un molde perfecto?
Un modelo completamente perfecto. Un grupo que sonaba bastante duro, con letras sensibles. Guitarras duras, una batería dura, un bajo muy duro. Antes que nosotros, los que habían cantado cosas interesantes o excitantes habían sido tipos muy blandos, que tocaban suavemente, dentro de una atmósfera muy narcótica, blanduzca, indolente. Me pareció que estaría bien hacerlo de manera fuerte y ruidosa.

¿El grupo era bastante duro en aquella época?
Absolutamente. Toda era perfecto. Era exactamente lo que yo quería. Elementos de los New York Dolls, elementos de Oscar Wilde, de autores de teatro famosos, con una gran coordinación creativa. Todo era impecable, todo estaba en su lugar exacto.

¿Nunca tuviste que hacer concesiones?
No muchas. En un principio, Johnny, Mike y Andy no me entendían demasiado bien, pero después terminaron haciéndolo...Y nos volvimos grandes amigos. Nunca hice verdaderas concesiones. Únicamente está ese disco, What Difference Does It Make?, que yo no quería que saliera...No me gustaba. Igual, todo sucedió muy rápido. No había demasiadas discusiones acerca de la música, las cosas sucedían solas, eso era todo. Era muy fácil.

Tenías cinco años más que los otros tres. ¿Cómo sentías esa distancia?
Era muy fuerte. Sus vidas y la mía eran muy diferentes. Era gente muy feliz, tenían todo lo que necesitaban, la vida había sido más bien agradable con ellos. Ese no era realmente mi caso...Era extraño comenzar así, pero todo empezó a armarse perfectamente hacia el verano del 84: en ese momento, los cuatro Smiths habían logrado desarrollarse como individuos. De pronto habíamos vivido las mismas experiencias. Ahí, los Smiths formaban un todo: habíamos triunfado juntos, eso nos unió mucho.

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Cuando eras joven, te interesabas por la gente que se te parecía. ¿Cómo explicás que te hayas interesado por esas tres personas, tan diferentes a vos?
Sabían tocar muy bien sus instrumentos y tenían mucha clase: era realmente la oportunidad perfecta.

¿Cómo los conociste?
Johnny había escuchado hablar de mí en Manchester, a través de sus amigos. Más precisamente, a través de un compañero de colegio, Billy Duffy, que ahora es guitarrista de The Cult. Johnny quería formar un grupo y vino a verme para eso. Al principio, lo importante eran las canciones, sacrificábamos todo por ellas. No éramos muy amigos, nos fuimos haciendo amigos después. Nos volvimos muy unidos, muy cercanos unos de otros. Desesperadamente cercanos...Tal vez demasiado cercanos, quién sabe.

¿Sentiste desde el principio una alquimia entre tus letras, tu canto y la música de Johnny Marr?
Sí, realmente. Me parecían que las canciones y la música de Johnny Marr eran muy tristes, incluso cuando eran duras o rápidas. La guitarra siempre me parecía triste, incluso en las canciones bailables. Para mí, era natural ponerle letra a esa música. Todavía siento que la manera en que toca es muy triste. Musicalmente, él cambió bastante, pero siempre siguió siendo él mismo, siempre eran sus mismas manos las que tocaban.

¿Cómo te explicás que toque una música tan triste?
No creo que nadie más que yo sintiera esa tristeza, nadie me lo dijo nunca. En general, la gente dice que las letras son deprimentes y que la música es alegre. No me parece que la música de Johnny sea “alegre”. ¡Qué palabra espantosa! Es un poco más complejo que eso.

¿Su armonía les resultaba natural o era algo que tenían que cultivar y mantener?
Era más bien algo místico, no algo que uno pudiera calcular o arreglar. No se puede predecir la armonía. Está ahí o no está, sencillamente. Se la puede perder, ya que no se la puede controlar. Igual que el amor, que tampoco se puede prever. No podría seguir grabando discos si no estuviera esa cosa especial. Tiene que ser algo particular, algo muy significativo. Si no, ¿para qué hacer todo esto? Ya hay suficientes discos en el mundo que no significan nada, ¿para qué agregar más?

Paralelamente a la música, ¿encontraste cierta armonía con él?
Más bien un alivio. Nunca siento una armonía perfecta, pero creo que a nadie le pasa. Antes de los Smiths, era un desconocido tranquilo y silencioso, alguien que no llamaba la atención de nadie. Con los Smiths, me entregué a la mirada del público; la gente, más allá de que me quiera o no, me conoce: las entrevistas, la televisión, la radio, los discos, bla bla bla...Me conocen.
Hay como una contradicción entre querer encontrar vos solo tu propio camino, y al mismo tiempo alimentarte de tu celebridad, reposar sobre la estima y el afecto de los demás.
Por más que me mueva dentro del mundo de la música pop, llevo una vida aislada, nunca voy a fiestas, no veo a mucha gente. Llevo siempre una vida muy tranquila. Es posible hacerlo.

Si no hubieras tenido éxito con los Smiths, ¿habrías podido tenerlo en otro campo?
No creo. Justo antes del comienzo del grupo, era una persona muy desesperada, había alcanzado el límite, algo tenía que sucederme. No me interesaba demasiado la vida, no hubiera podido sobrevivir. El hecho de que haya llegado a los 23 años es un milagro. No hubiera podido ir más lejos, imaginarme con 24, 25, 26 años...Era realmente la última oportunidad.

¿Te es posible ser feliz durante cierto tiempo?
Tal vez durante algunas horas, pero no durante un día entero. Es algo muy huidizo. Cuando soy feliz, no es un sentimiento muy fuerte, me hacen feliz cosas muy simples. Un buen plato de comida, estar en una habitación agradable, con libros, discos, imágenes, ese tipo de cosas.

Pero ¿estás en busca de emociones más fuertes, de una felicidad más intensa?
No mucho. Tengo 28 años, ya es un poco tarde. Soy así desde el día de mi nacimiento. Ya no espero cambiar más. Al menos que algo me saque por la fuerza de mi estado...Pero si no, no.

Te cerrás todas las puertas.
Todas las puertas y todas las ventanas. Pero es así. Siempre fue así. Esa idea perversa de que, una vez que sos famoso, todo el mundo debería conocerte y desearte, es falsa, al menos en mi caso. Sigo teniendo los dos mismos amigos, los que tenía a los 17 años. Eso es todo.

¿Algunas cosas no podrían cambiarte por completo? ¿El amor?
No me parece demasiado posible. Eso nunca me sucedió, el algo que no conozco. ¿En el futuro? Pero ya tengo 28 años, ¿cuándo querés que me suceda? ¿a los 57? (risas). No puedo esperar tanto tiempo.

Es decir que seguís esperándolo todavía.
Bueno...podría ser. Lo espero...En todos los sentidos del término (risas).

¿Nunca tenés miedo de ya haberlo expresado todo?
Tal vez. Uno puede alcanzar ese punto en el que ya ha dicho todo lo que tenía que decir, en el que se pregunta: ¿y después? No creo haberlo alcanzado todavía. Pero cuando suceda, me iré.

Cuando deseabas más éxito para los Smiths, ¿a qué apuntabas? ¿A ser uno de esos mega-grupos que tocan en estadios?
Los Smiths siempre fueron demasiado inteligentes. No creo que sea realmente posible para el mundo entender eso. Me parece que el lugar de los Smiths dentro de la historia del pop ya está hecho, ya es definitivo, no creo que podamos llegar más lejos. Para convertirse en uno de esos mega-grupos hay que aceptar muchas obligaciones, hacer muchas cosas que considero estúpidas. Me siento feliz de decir no.

Para muchos, su primer disco fue una decepción cuando salió.
Mucha gente estaba decepcionada, es verdad. Ya hacía mucho tiempo que tocábamos las canciones de ese álbum. Empezamos a grabar con Troy Tate (Ex Teardrop Explodes) como productor, pero Rough Trade puso las cintas en el freezer y nos dijo que volviéramos a empezar con John Porter. Ahí las cosas tampoco salieron demasiado bien. Como había pasado tanto tiempo y habíamos gastado tanta plata para ese disco, el sello quería sacarlo a toda costa. Pero yo no estaba satisfecho: demasiado llano, demasiado lineal, las guitarras sonaban muy blandas, todo estaba en el mismo nivel. Las canciones son buenas, pero la producción es muy poco interesante.

¿Eso explica Hatful Of Hollow, apenas algunos meses más tarde?
Sí, con versiones más interesantes de las mismas canciones. No quería que se perdieran. La gente siempre me ha dicho “Hatful Of Hollow, sí, eso sí son los Smiths”. Tal vez ése sea el verdadero primer disco.


Ustedes sacaban maxis cada tres meses: parecía que, en esa época, se pasaban todo el tiempo en el estudio.
Siempre compusimos muy rápido. Mucha gente necesita muchísimo tiempo para componer, grabar y editar sus canciones. Nosotros siempre lo hicimos muy rápido. Por eso hay muchos maxis entre disco y disco. Pero no hacía más que eso. Seguí viviendo solo, no hicimos ninguna gira importante, ni mundial ni siquiera europea: hay países en los que sólo tocamos una vez, como Italia u Holanda. En París, al menos tocamos dos veces, ¡tienen suerte! Así que me queda mucho tiempo libre para estar solo en mi rincón.

Su segundo disco, Meat Is Murder, suena mucho más duro que el primero.
Era lo que queríamos. La gente pensaba que íbamos a volvernos blandos y hacer agua, descansar en nuestro éxito, haraganear. Grabamos Meat Is Murder durante el invierno del 84, en Liverpool. Todo era gris y helado, la nieve era muy pesada, los días eran sombríos. Eso se nota en el disco. Si lo hubiéramos grabado en primavera, con flores bajo nuestras ventanas, habría sido diferente. Pero era una época de desolación, por eso el disco es duro, violento, furioso.

Sus mejores canciones están en Meat Is Murder, pero The Queen Is Dead es sin duda el disco perfecto de los Smiths.
The Queen Is Dead es un trabajo completo, un trabajo de conjunto. Meat Is Murder era un disco que estaba en la lucha, incómodo, mientras que The Queen Is Dead es un disco más regular, el sonido tiene más unidad, la producción es mucho mejor, por más que sea imperfecta. Pero las canciones son buenas. Siempre pensé que las canciones de los Smiths eran buenas, mientras que siempre padecimos una producción muy barata. The Queen Is Dead también fue grabado en invierno, pero era menos riguroso, sin nieve: un invierno inglés completamente común. La mayor parte del tiempo estábamos en el sur de Inglaterra, en Londres, en un estudio residencial muy agradable. El ambiente era más sereno. Mientras que Meat Is Murder era Liverpool, áspero y urbano.

Escuchando las grabaciones de recitales de su última gira, nos sorprende su violencia.
Fue una gira muy violenta. En dos ocasiones, los recitales tuvieron que suspenderse por culpa de la violencia. Todas las noches, el público reaccionaba de una manera muy fuerte, reinaba una gran tensión. En los Estados Unidos también, los conciertos fueron interrumpidos por las mismas razones, el público invadía el escenario. Se combinaban muchas cosas en ese momento: The Queen Is Dead, que era una declaración muy fuerte, pero también nuestro maxi Panic, que fue considerado un disco muy agresivo, anarquista. Todo esto provocó una tensión muy grande, que me parecía positiva; hasta cierto punto, en que se volvió negativa. Era demasiado. Tocar la canción The Queen Is Dead en algunos lugares de Inglaterra, como Middlesborough o Wolverhampton, regiones totalmente venidas abajo, era un enorme grito de alivio para esa gente, significaba mucho para ellos. Teníamos la sensación de que era lo que estaban esperando. “Panic...hang the DJ...” Buenos momentos (risas).

¿Cómo trabajas con Johnny? ¿El aporta toda la música o vos llevas ciertas ideas?
El siempre está en el origen de la música. Pero algunas ideas son mías. Por ejemplo, la larga introducción del nuevo disco, Last Night I Dreamt That Somebody Loved Me. En general, yo mismo encuentro las melodías de voz, y en base a ellas escribo las letras.

¿Sentís que tu manera de cantar evolucionó mucho a lo largo de estos cinco años?
Sí, mucho. En un principio era duro, no tenía experiencia, nadie me había dicho “Probá esto, probá aquello, pensá en esto, usá tu voz de esta manera”. Cantaba como me salía. Si había un error, no se lo corregía. Después se fue volviendo más suave, más agradable. Hay algunos temas que ya no puedo escuchar, que suenan de una manera espantosa. What Difference Does It Make?, otra vez (risas). !Odio esa canción! Pero todo el primer disco es así, suena mal...

¿Y el futuro?
(Morrissey saca entonces el comunicado de prensa que anuncia el final del grupo, que la prensa inglesa publicaría al día siguiente: Johnny Marr dejó el grupo, nadie lo reemplazará, los Smiths se separan.)
Escribí canciones nuevas junto a Stephen Street, que hasta ahora fue el ingeniero de sonido de los Smiths. Voy a grabar un disco solista en octubre, que se editará a principios del 88. Los Smiths sólo podíamos ser nosotros cuatro. Los integrantes de los Smiths llegaron a un punto en que necesitan hacer algo diferente, con otra gente. En cuanto a saber si es algo definitivo...No lo sé.

FIN


Anuncio de la primer visita de Moz en Argentina (2000)